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Septicemia del cine chileno Nº2

Publicado por edicion el Martes, 24 Noviembre 2009No hay comentarios

Sendero (2007) – Director: Andrés Bustamante, Théo Court y Manuel Muñoz

senderominuto2Uno de los grandes problemas que todos vamos adquiriendo con nuestra educación más convencional, es la subconsciente aplicación del método científico en todo lo que hacemos. Es verdad, es muy útil. En un principio, es muy difícil entender el mundo que nos rodea sin que lo podamos acotar, casi geométricamente, para poder entenderlo de una forma comprensible – a nivel explorativo – y vamos probando en esta acotación lo que creemos que necesitamos hacer para adaptarnos o asentarnos en él.

Está bien, funciona. El problema es que al pasar el tiempo y sin darnos cuenta, nuestras hipótesis y todo aquello que acotamos, se convierten en axiomas. Estas sentencias sirven para cosas básicas tales como “si no respiro, muero”, “el fuego quema” y otras que en realidad, hemos acomodado a nuestro diario vivir. El problema que sigue al axioma es juntar un grupo de ellos, meterlos en una bolsa y crear las metodologías. El problema es en el arte – principalmente en el cine – donde se cree que las metodologías son herramientas efectivas para administrar u organizar a equipos de 50 o 100.000 personas. Y entonces, subconscientemente, se cree que tanto el guión y su realización, es un proceso totalmente metódico, y la historia tiene que fluir, al igual que sus personajes, bajo la regla del método científico.

Comienza la historia, se plantea el problema, conocemos a los personajes, se desarrolla la historia y el final. Podemos ver eso repetido en un sin fin de filmes que caen en estos convencionalismos. Pero eso convierte al acto en una suerte de criminal de criminales, porque se tiende a olvidar lo libre que es el arte. Al mismo tiempo, la razón de por qué creamos es nada más, ni nada menos, que contemplar la nada y reflexionar. Buscar profanidades que extrapolen los sentidos.

Sendero” es un mediometraje animado, dirigido por el pintor Andrés Bustamante en conjunto con los cineastas Théo Court y Manuel Muñoz, que busca esto. ¿De qué se trata “Sendero”? ¿Dónde comienza? ¿Dónde se desplaza? Para una mentalidad contemporánea concreta se le podría responder diciendo que “Sendero” se trata de un hombre que divaga e inicia un viaje en busca de lo que al parecer es su pasado. Personalmente, mi respuesta es: ¡No sé! Al parecer se compone de lo que tú quieres ver ¿o debes ver?

A grosso modo, este film apela a usar algunas similitudes de grandes maestros. Busca ser un relato tan existencialista como las películas de Michelangelo Antonioni, donde el uso de los silencios, la aparente frialdad del ambiente y la soledad de los personajes, nos termina haciendo descubrir sus profundos mundos interiores con el fin de lograr la onírica belleza del infinito.

No es sólo una coincidencia o que caiga en algo anecdótico, que gran parte del trabajo de esta animación, se haya realizado en la región del Maule, en la mítica provincia independiente de Santa Rosa de Lavadero. Cada fotograma, tanto su color como su textura, nos recuerda a esta zona rural. Al igual que en los filmes de Tarkovski, sentimos ese amor, esa esencia, la reflexión y la búsqueda del ser con lo que lo rodea. El simbolismo de ese viaje en tren, que a pesar de todo es un sentimiento universal. Ese tren que cruza tal vez, un ramal por la cordillera de la Costa, recorre el viejo oeste, los nevados Apeninos o una primavera en esos largos viajes a San Petersburgo. En estos viajes afloran múltiples sentimientos, entre ellos: la emotividad, la reflexión, a dónde supuestamente vamos, aquello que aparentemente dejamos atrás, divagando por diferentes paisajes donde podemos apreciar el cómo ese diáfano paisaje termina devorando los últimos restos se civilización y convirtiéndolos en parte de la esencia nativa.

Generalizando, el uso de la animación en el cine se utiliza con fines más cómicos, infantiles o surrealistas donde se juega con la ventaja que da la deformación que se le puede dar a la realidad. “Sendero” juega mediante estructuras nebulosas, que el espectador va completándolas, sin utilizar la deformación. Además de una muy lograda técnica en la fluidez de los  movimientos de la figura humana, la composición de cada secuencia da un ambiente crepuscular.

Al mismo tiempo se siente que se está animando de forma “artesanal” donde podemos sentir la mano de un sólo artista y no un rebaño de técnicos-asistentes-rellenos que apelen a crear un producto más pulido, plástico o majestuoso. Se agradece que “Sendero” no sea así. Se siente un esfuerzo abrumador donde estos tres realizadores tuvieron que lidiar más de dos años, defendiendo sus puntos de vistas personales, diferencias, cuestionamientos y el trabajo meticuloso que implica crear una animación, logrando que cada fotograma logre un valor único y que al mismo tiempo sea funcional para  toda la obra.

El protagonista aparentemente es un pintor – difícil oficio y mucho más versátil de lo que suena – tanto como Andrés Bustamante, quien al conocer algunos de sus trabajos, en especial, la exposición “Terremoto” (2008) logra que cada persona dialogue con su obra, busque los puntos en común y que el público vea lo quiere ver o sentir, como la existencia de agua donde no hay o alas de libertad en un suelo. Incluso yo, como un leve entendido en Física más avanzada, en alguna anécdota de Bar, recuerdo haber refutado algún doctorado de Harvard. Las composiciones de Bustamante siempre apelan al principio de “La Teoría de las Cuerdas”, donde se puede sentir cómo se va componiendo de una nebulosa forma, una ventana a un universo, que el espectador va apelando a las múltiples formas que puede ir tomando, incluso mientras la estás mirando.

Pero este film no sólo es obra de Bustamante, el trabajo de Théo Court aporta una visión muy madura. Crea un guión en base a la analogía de la pintura con una visión nostálgica donde incluso, se realiza una especie de tributo a su padre – quien realiza la voz en off – y el guión logra un relato minimalista donde se apela a una progresión sutil donde prima la simpleza, dando una justificación a que esto es un film y no sólo una pintura ¿o dándole pies a la pintura?

El montaje es consistente e incluso crucial. Sabe darle la velocidad necesaria. Cada escena tiene que durar lo que debe durar, un cuadro más sería volverlo algo monótono y/o un cuadro menos sería convertirlo en un relato punk hecho por algún ignorante vanguardista. El uso de un sólo corte directo, sin ningún tipo de transición, da una simpleza acorde al medio que se quiere reflejar, ese campo abandonado, crepuscular, íntimo, pero devastado.

El trabajo del sonido en este film, es envolvente, diáfano, el complemento exacto para cada escena, que nos conlleva a cuestionar dónde estamos y qué vemos. Gran parte de esta animación está hecha de arena y tierra. Psicológicamente, esa sensación se asemeja a una superación física de la materia. Un trozo de tierra siendo reflejado por la luz, un hombre mirando sentado frente a sus ojos la arena, a pesar de que su cuerpo este perpendicularmente al suelo. Eso provoca múltiples impresiones que pueden pasar por la incomodidad, soledad, mutación, revolución, cambio, abstracción, entre otras. Más que mal, cada mente es susceptible de crear diferentes formas.

Personalmente, cada vez que tengo la oportunidad de verla de nuevo, me reencuentro con nuevos sentimientos. A veces, siento que es una reflexión al fin de los valores más conservadores de la sociedad,  otras que habla de la búsqueda del pasado que recreamos en nuestras mentes y también que apela a la existencialista forma de reflexionar en cómo avanza la humanidad. En fin, “Sendero” es como esa zona que existe en nuestras mentes donde se combina la realidad con lo que es nuestra mente. Un mundo irracional conectado con el todo.

Concluyo, como muchos otros que han visto este film, que “Sendero” es una delicia. Es como retroceder 30 minutos de tu vida y que se transformen en segundos eternos. Es un hermoso trance, donde agudizas tu mente, logras pensar en lo profundo que es el tiempo y el existir, y donde se vuelve a apreciar lo bello y complejo que es cada ínfima fracción de la vida, la muerte y lo inmortal.

Vittorio Farfán

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